Carrasca que se secará

Un reportaje multimedia sobre despoblación y sostenibilidad en el Alto Aragón. Cada bloque es un recorrido por las actividades que podrían acabar con la provincia despoblada: pantanos, turismo de nieve, macroproyectos de renovables, ganadería intensiva y qué opinan los estudiosos.

Polvo

Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños.

Miguel Hernández

Han pasado seis décadas desde que Joaquín y Teresa cambiaran sus respectivos valles por zonas de la tierra baja, mucho menos espectaculares pero con mayores facilidades para vivir. A día de hoy, ambos siguen discutiendo -en tono de broma- por ver quién de los dos tiene un lugar de origen más bonito.

El de Teresa es Revilla, un despoblado enmarcado al final del Valle de Escuaín, donde el duro terreno y el río Yaga esculpen un paisaje de singular belleza. Joaquín viene de Castrocit, uno de los muchos despoblados que existen cerca de los dominios del Isábena, en la comarca de la Ribagorza.

La provincia de Huesca tiene el dudoso honor de ser la que cuenta con un mayor número de despoblados. Más de trescientos pueblos vieron, especialmente en la década de los sesenta, cómo sus pobladores iban marchando hacia lugares en los que la mera supervivencia no fuera un reto diario. Las casas cerraban sus puertas, los techos de las bordas colapsaban y una importante riqueza cultural y arquitectónica se perdía poco a poco.

Esta foto interactiva explica brevemente algunos de los aspectos de Revilla en la actualidad. El número al lado de cada icono indica el orden sugerido.

No había carretera, la vida era muy sacrificada y fue como si lo quisieran olvidar. Buscaban una vida mejor para nosotros.

La historia de Revilla y de Castrocit, sin importar las muchas diferencias que tienen ambos valles, son muy semejantes. Lugares con posibilidades muy escasas y en los que todo era muy difícil de llevar a cabo. Tanto es así que los padres de Teresa, que a los cuatro años tuvo que marchar desde Revilla hasta Monzón, prácticamente no volvieron al pueblo. “No había carretera, la vida era muy sacrificada y fue como si lo quisieran olvidar. Buscaban una vida mejor para nosotros”, comenta sobre su éxodo. Un éxodo que, como en tantos otros pueblos, comenzó en los sesenta. Por aquel entonces “uno animaba al otro” explicando las posibilidades de empleo que había en otras partes de la provincia.

En paralelo, Castrocit corría la misma suerte. Joaquín lo recuerda como un pueblo pequeño, de unos 40 habitantes, que en cuestión de 4 años quedó vacío. Todavía mide lo que se tarda en llegar a otros lugares a pie, que era como debían trasladarse por la falta de comunicaciones: “Para llegar desde la carretera al pueblo teníamos una hora y media andando, y justo hicieron la pista el año que se quedó abandonado”. Para él, era “indigno vivir como se vivía», ya que durante el camino debían ir salteando barrancos y, en momentos de crecida, el camino a casa podía alargarse hasta las tres o cuatro horas.

Joaquín y Teresa en el patio de su torre.
Vista de Binéfar desde la Sierra de San Quilez.

Irse sin mirar atrás era una opción habitual tras unas experiencias vitales de tal dureza. Los dos encontraron situaciones más sencillas en Monzón y Altorricón, y formaron un futuro y una familia juntos en Binéfar. Tras regentar el Bar L’Arcada durante cuatro décadas ahora encuentran sosiego en una casa en las inmediaciones del mismo pueblo. En la actualidad, vuelven de vez en cuando a sus valles, con motivo de alguna comida o de las fiestas, ya con la tranquilidad de saber que no se va a hacer de noche antes de que hayan podido llegar a casa.

La construcción de pantanos cercanos, la dificultad de los enclaves o la falta de servicios básicos fueron los principales motivos que conformaron el gran trauma que se consumó en los años sesenta en el Alto Aragón.

El investigador Cristian Laglera dedicó diez años a visitar todos los pueblos que quedaron vacíos.  La horquilla en la que se deshabitaron la mayoría de estos pueblos, algunos milenarios, fue de unos 30 años, algo que “no es nada para la vida de un pueblo”, explica. Para él, el motivo principal fue la falta de servicios básicos, un paraguas amplio que incluye desde la falta de carreteras hasta el no contar con electricidad, médico o escuela.

El mapa permite ver todos los despoblados del Alto Aragón. Al seleccionar cualquiera, aparece una foto propiedad de Cristian Laglera y una descripción extraída de sus investigaciones. Los colores dividen a los despoblados por comarcas y la diferencia en el icono se debe a si era una población mayor -aparece el castillo- o menor -la casita-.

En Huesca tenemos un patrimonio inmenso, pero no somos capaces de mantenerlo.

Desde su punto de vista, centrado en el patrimonio histórico, es una lástima todo lo que se ha perdido y se va a continuar perdiendo: ermitas, iglesias, molinos o casas fuertes se han ido a pique ya. “En Huesca tenemos un patrimonio inmenso, pero no somos capaces de mantenerlo”, subraya Laglera.

Aún así, hay algunas excepciones honrosas en valle de la Solana. Se refiere a los núcleos de Gere y de Burgasé. En el primero, un grupo de neorurales lleva más de quince años rehabilitando y cuidando el entorno. Lo mismo ocurre en Burgasé, el que fuera uno de los pueblos más importantes del valle. “Aquí se están haciendo bien las cosas, pero no hay muchos más ejemplos”, relata Laglera.

El investigador calcula que alrededor de un 20% de los despoblados quedaron vacíos por una política de construcción de pantanos que en ocasiones fue bastante disparatada. En Huesca es donde el hidrocausto español –término acuñado por el geógrafo Luis del Romero- impactó con más fuerza. Hay casos muy mediáticos como el de Jánovas, donde los vecinos fueron amenazados y expulsados aunque al final no se construyó el pantano, o Mediano, cuya iglesia sigue asomando por el pantano que lleva su nombre.

Los vecinos aprendimos a ser ecologistas.

Los ecos de este pasado siguen resonando hasta hace muy poco. En la zona de la Galliguera, en la Hoya de Huesca, han puesto fin recientemente a más de 30 años de lucha contra el Pantano de Biscarrués. Lola Giménez, portavoz de la plataforma Biscarrués-Mallos de Riglos recuerda que durante estas décadas “los vecinos aprendimos a ser ecologistas” en un proceso lleno de dignidad.

La idea sonaba extraña desde un principio. El río Gállego, de 200 kilómetros, tan solo tiene 30 con todo su caudal completo, pero a pesar de ello “la gente ya creció con esa musiquilla”, explica Giménez. Años y años de asambleas, pancartas y de lucha judicial fueron dando sus frutos: “Fue una resistencia de amigos y grupos de vecinos que nos fuimos juntando con otros pueblos que tenían el mismo problema”.

La frase empleada, “Río Gállego Vivo”, representaba mucho más que un lema político y describía a la perfección una realidad social y económica que tuvo gran importancia en las movilizaciones. “En medio de estos años aparecen las empresas de descenso de barcas por el Gállego, lo que crea una gran atracción turística e implica a muchas personas en la resistencia”, recuerda Lola Giménez.

Mediante la vía judicial siguen consiguiendo avances como bajar la cota del pantano hasta salvar el pueblo de Erés, el que iba a quedar anegado. Todo ello hasta que llegó la Directiva Marco del Agua, que prohíbe que las masas de agua en buen estado pasen a mal estado. En 2020 se certificó la victoria del pueblo sobre el pantano, con una anulación del proyecto por parte de la Audiencia Nacional.

Reportaje que contiene en audio parte de las entrevistas que aquí se exponen. Emitido en Hoy por Hoy Altoaragón (Radio Huesca-SER (c)) el 8 de mayo.

Los habitantes de La Galliguera tuvieron que esperar hasta este 2023 para celebrarlo definitivamente, pero poco importó tras tanto tiempo. Una “gira de la victoria” por todos los pueblos que culminó con la actuación de La Ronda de Boltaña, un grupo que, como los vecinos, le canta al mundo que “¡Aquí quiero vivir!, con la vista al horizonte y en mi tierra la raíz. Precisamente aquí, y por mí que gire el mundo, ya lo veo desde aquí.”

Celebración en Biscarrués tras la no construcción del Pantano.

Nieve

Cuando se describe la nieve, se debería comenzar por las carcajadas de los niños.

Fabrizio Caramagna

Suena a tópico, pero es cierto que los mayores del lugar recuerdan aquello de que “ya no nieva como antes”. El Pirineo Aragonés, o quienes lo dominan, parece no querer atender a esa realidad. En una suerte de huida hacia adelante, cada año amanecen nuevos proyectos que unen estaciones de esquí o viejos cantos de sirena, como el de buscar organizar unos Juegos Olímpicos de Invierno.

El último de estos proyectos era la unión de las estaciones de esquí de Astún y Formigal. Era el buque insignia del Gobierno de Aragón para este 2023. Prometía ampliar el dominio esquiable, dando la posibilidad a los esquiadores de acudir a dos estaciones en un mismo día. Según los cálculos del ejecutivo que dirigía Javier Lambán, cientos de puestos de trabajo iban a brotar. Era un intento estrafalario y kamikaze de, en palabras del propio Lambán, “competir con los Alpes”.

Todo ello en un contexto de crisis climática en el que las estaciones cada vez tienen más dificultades a la hora de extender la temporada. Una fórmula utilizada en la propia estación de Formigal ha sido aprovechar el potencial económico de los visitantes y convertir parte del Pirineo en la discoteca con las mejores vistas de España. Numerosos influencers hacían gala en sus redes de su visita a esta suerte de nuevo Marina d’or. El peaje a pagar era encontrar la poca nieve que hay llena de basura, restos de alcohol y orín.

El vídeo muestra un proyecto creado en Google Earth sobre la zona afectada por la unión de estaciones.

Para el educador ambiental Pablo Vallés, este sinsentido se debe a que “lo último que importa es la nieve”. Tiene claro que de lo que se trata es de hacer “un parque de atracciones en torno a la nieve y a la montaña”. Considera que la unión de estaciones, que destruiría el valle virgen de La Canal Roya, sería un atentado irreparable: “si permitimos que se haga Canal Roya, ya podemos dejar pasar lo que sea”.

Es como destruyéramos la mitad de la Basílica del Pilar para construir un centro comercial porque va a dar mucho dinero.

Vallés pone un ejemplo muy gráfico: “Es como destruyéramos la mitad de la Basílica del Pilar para construir un centro comercial porque va a dar mucho dinero”. Piensa que, desde hace años, el turismo se ha convertido únicamente en números, sin reparar en la calidad del mismo. Propone un modelo basado en lo que diferencia al Alto Aragón, que es una riqueza ecológica sin igual y unos paisajes que quitan el hipo. Para ello hace falta repensar estrategias y encaminarlas hacia un turismo sostenible que, sin ir más lejos, no invierta 26 millones de euros de fondos europeos para malmeter un valle virgen.

Pero, de momento, el proyecto de La Canal Roya no verá la luz. Con las pasadas elecciones de mayo a la vuelta de la esquina, los socialistas de Aragón se quedaron sin apoyos. El resto del cuatripartito que formaba gobierno se echó atrás y los ayuntamientos de los pueblos cercanos más importantes, Jaca y Sabiñánigo, lo rechazaron. Todo en medio de una presión mediática y, principalmente, social creciente. Las movilizaciones fueron ganando fuerza por todo Aragón y el movimiento ecologista ganó esta batalla. No así la guerra, que se va a seguir librando ya que el gobierno autonómico en ciernes, presidido por el Partido Popular, no cierra la puerta a recoger el testigo en el futuro.

Potenciar este modelo de negocio aún parece menos interesante al hablar con la juventud. En los valles donde el esquí es el rey tiene lugar un doloroso proceso de intercambio de jóvenes: los autóctonos son expulsados por la gentrificación de sus pueblos y los sustituyen otros foráneos que sirven como mano de obra barata durante la temporada. Para ilustrarlo contamos con Izarbe, oriunda de Villanúa, pueblo cercano a las estaciones de Astún y Candanchú, que se ha tenido que buscar la vida en Huesca, y Juan, oscense que trabaja como remontero en la temporada de esquí.

La vivienda en los valles gentrificados resulta un problema para ambos y es clave en el proceso de despoblación. Para Izarbe, es imposible emanciparse en su pueblo o en los de alrededor: “En los valles turísticos la vivienda está a precios terroríficos y el trabajo es muy estacional. De hecho, de mis amigas ninguna vivimos ahí”.

En el caso de Juan, consiguió alquilar una habitación para la temporada a un precio similar al que costaría en el centro de capitales como Madrid o Barcelona. También afirma haber visto a otros compañeros dormir en furgonetas en pleno invierno, algo provocado por la escasez de nieve, que acorta la temporada y dificulta la búsqueda de alojamiento. Se trata de un proceso que se ha definido como ibización de los Pirineos, en un símil con lo que ocurre con muchos camareros en la isla mediterránea.

El modelo expulsa a los jóvenes de sus valles, pero tampoco permite el asentamiento de personas de otros territorios. Izarbe explica que el Valle del Aragón, de los más cercanos al País Vasco, atrae a muchos jóvenes vascos amantes de la montaña que, tras un tiempo, tienen que volver por la imposibilidad de encontrar vivienda.

Juan trabajaba para el grupo Aramón, la principal impulsora de la unión de estaciones por la Canal Roya. Según una charla que les impartió la compañía, la idea era unir el Valle de Tena, el de la estación de Formigal, con el del Aragón porque era el que contaba con más alojamientos. La justificación en cuanto a sostenibilidad era que el transporte en coches era muy contaminante. Para Juan “no tiene ningún sentido comparar lo que gastan los coches con todo lo que habría que romper”.

Plantea la bicicleta como una alternativa sostenible que alargue la vida de las estaciones de esquí y las reconvierta en estaciones de deporte, al estilo de lo que se hace en otros países de Europa. “En Francia hay unas pistas para la bici igualitas que las de esquí. Al final eso es hacerlo sostenible porque se pueden seguir utilizando los remontes”, destaca Juan.

En esta dirección llevan años apuntando desde la comarca del Sobrarbe, la más despoblada de Huesca. Con el proyecto de Zona Zero se han recuperado muchísimo senderos y se han acondicionado para la BTT. El objetivo es conseguir un turismo menos estacional y que no dependa de las precipitaciones o de invertir miles de litros de agua en crear nieve.

Pancarta que reza "esquí sí pero no así". Izarbe Usieto (c).

Ahonda en el modelo económico que no nos deja vivir. Encarecería aún más la vivienda y aumentaría la temporalidad. 

Izarbe coincide con Juan y con Pablo Vallés, y centrándose en la vertiente social de la unión de estaciones añade que “ahonda en el modelo económico que no nos deja vivir. Encarecería aún más la vivienda y aumentaría la temporalidad”. Sin demasiados proyectos de turismo de calidad a la vista, la posición de los habitantes de los valles de Aragón y Tena, así como la de los ecologistas, es defensiva, de intentar no perder ese patrimonio natural. De momento, siguen vigilantes y reclamando la creación del Parque Natural Anayet-Partacúa, una reivindicación vigente desde hace más de 15 años que ayudaría a blindar la Canal Roya.

Una calle del pueblo de Villanúa. Izarbe Usieto (c).
Vista desde Villanúa. Izarbe Usieto (c).
Solar que anuncia la construcción de nuevas urbanizaciones destinadas al turismo en Villanúa. Izarbe Usieto (c).

Viento y sol

Polvo, niebla, viento y sol
y donde hay agua, una huerta;
al norte, los Pirineos:
esta tierra es Aragón.

Aragón – José Antonio Labordeta

Cuando a uno le hablan de Huesca, se le vienen a la cabeza imágenes de espectaculares picos, cascadas o bosques. Pero esta provincia, extensa y con unos contrastes como pocas, alberga también un desierto lleno de interesantísimas formaciones geológicas. Se trata de Los Monegros, una comarca conocida como «el desierto vivo de Europa».

También es considerada desierto desde el punto de vista demográfico, ya que así se denomina a aquellos territorios con una densidad poblacional menor a los 10 habitantes por kilómetro cuadrado. En el caso de Los Monegros, no se alcanzan los 8. Pero como decimos, es un desierto vivo, y lo es gracias, en gran medida, a la implantación de regadío que permite que el sector primario funcione.

En la actualidad, el Gobierno de Aragón presume de exportar energía renovable. Una alternativa que suena a verde, a sostenible y a la que nadie se debería oponer. Pero el modelo de implantación masiva de aerogeneradores y placas solares no convence, ni muchísimo menos, a los habitantes de muchas zonas.

Vista del pueblo de Alberuela de Tubo.

El sur de la provincia de Huesca, como gran parte del Valle del Ebro, está amenazado por una nebulosa de aerogeneradores que inundarían Los Monegros. Miguel Penella es el alcalde de Alberuela de Tubo, un pequeño municipio que fue el único en posicionarse en contra: “Sin el regadío aquí no habría nadie, es nuestra vida y nuestro sustento y debe prevalecer este interés general”, explica en relación a una implantación de aerogeneradores que afectaría a las tierras cultivables pero no dejaría demasiados puestos de trabajo en el territorio.

No nos podemos vender el paisaje.

Desde lo alto de un torrollón, una formación rocosa de arenisca con forma de torreón que han quedado aislados por los efectos de la erosión, subraya que “no nos podemos vender el paisaje”, en relación a los ingresos pasivos que traería para vecinos y ayuntamientos. “A los vecinos no les gusta. Hay algunos que son indiferentes pero tampoco tienen necesidad de que se instale algo que no nos va a dar de comer”, continúa Penella. Además, añade que este no es el modelo para las necesidades que tienen en Los Monegros de asentar población.

En buena medida por el silencio mediático e institucional, no se ha articulado una gran oposición al proyecto. La excepción la conforman un grupo de vecinos de varios pueblos que han formado la Plataforma por la Sostenibilidad de Los Monegros. A ella pertenece Javi Casas, un profesor que lleva tiempo tratando de concienciar sobre lo que él considera una barbaridad.

¿El reto demográfico es llenarnos de molinos para llevarse la energía a la ciudad? Lo único que hace es apostar por el mismo modelo de ciudad poblada y medio rural despoblado.

Tanto o más que la destrucción del paisaje le duele a Casas el ninguneo de las instituciones: “hemos organizado 8 charlas y no ha venido nadie de las instituciones pese a estar invitados. Lo normal sería que se hablase de esto, ningún partido lo llevará en su programa porque no se sienten orgullosos”. Que gran parte de estos proyectos los tramite el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico le suena a broma: “tiene tela, ¿el reto demográfico es llenarnos de molinos para llevarse la energía a la ciudad? Lo único que hace es apostar por el mismo modelo de ciudad poblada y medio rural despoblado”. Y sentencia denunciando lo que considera “colonialismo energético” contra los pueblos.

En el corazón de Los Monegros está la laguna de Sariñena, un auténtico paraíso para la ornitología en el que pueden encontrarse dos de cada tres aves que habitan la Península Ibérica. Nuria es bióloga y trabaja en el centro de interpretación. Desde allí expone la afectación que tendrán estas aves con los aerogeneradores y bromea que “habrá faena para recoger aves muertas, eso sí”.

Asimismo, se muestra recelosa de que se hayan hecho los estudios de impacto ambiental pertinentes: “deberían haber estado observando aves durante un año, y yo por aquí no he visto a nadie”, reclama. Además, Javi Casas denuncia que deberían existir facturas que certificasen el pago de todas estas jornadas laborales. Mientras mira a la laguna, Casas suspira y declara que ya es incapaz de imaginarse ese paisaje, algo “que no cambio por nada en el mundo”, sin los molinos.

Reportaje que contiene en audio parte de las entrevistas que aquí se exponen. Emitido en Hoy por Hoy Altoaragón (Radio Huesca-SER (c)) el 25 de abril.

La protección de la Laguna de Sariñena solo incluye unos pocos kilómetros, con lo que a poca distancia está proyectado que se sitúen cantidad de aerogeneradores.

Hace unos años la escuela estaba ganando niños y se solicitó la ampliación. Ahora nos hemos estancado y desde la noticia de las placas parece que comenzamos a ir hacia abajo

Más de una veintena de núcleos conforman el municipio de La Fueva. Situado en un valle prepirenaico del Sobrarbe que lleva su nombre, La Fueva es verde como pocos otros lugares del Alto Aragón, y cuenta con una singular historia e identidad. Allí, su medio millar de vecinos vive de la agricultura, la ganadería y un turismo rural bastante sostenible.

Vistas desde el ecocámping de Alueza.

Aquí también está proyectada una gran implantación de renovables, esta vez de placas solares, que cambiaría todo. Lo comenta Carlos, quien en el núcleo de Alueza, de 10 habitantes, ha montado un ecocámping junto a su mujer. Se trata de un proyecto hecho a la medida de las posibilidades de la zona, sustentado en los valores que defienden y con unas vistas privilegiadas.

“Hace unos años la escuela estaba ganando niños y se solicitó la ampliación. Ahora nos hemos estancado y, desde la noticia de las placas parece que comenzamos a ir hacia abajo”, detalla Carlos. La incertidumbre que provoca este proyecto genera dudas en los pobladores actuales y también en aquellos que podrían decantarse por ir a vivir a La Fueva, un daño muy difícil de reparar.

El alcalde lo veía como algo interesante, aunque cuando se presentó ni si quiera los concejales habían tenido noticia. Lo que en un principio prometía ser una actuación menor acabó descubriéndose como un megaproyecto especulativo que ocuparía el equivalente a más de 400 campos de fútbol: “Hay una serie de empresas que buscan terrenos, los revenden a otras empresas para hacer proyectos y aquí ha pasado eso con una inmobiliaria”, desarrolla Carlos.

El 85% de los fovanos declararon, en una encuesta puerta a puerta, estar en contra de que se instalasen placas solares de esta manera.

Para tratar de frenarlo nació la plataforma ciudadana “La Fueva no se vende” y una agrupación que ganó las elecciones con el 41% de los votos llamada “Por La Fueva”. Carlos forma parte de ambas organizaciones y, junto a sus compañeros, representan los intereses del 85% de los fovanos que, en una encuesta puerta a puerta declararon estar en contra de las placas solares instaladas de esta manera.

Entre su actividad destacan numerosos viajes a Zaragoza o Madrid con tal de preservar su medio de vida. Recientemente también tuvo lugar la segunda edición del festival La Fueva Viva, que reivindica un valle con futuro. Fue un éxito, además de un día en el que los habitantes del municipio, dispersos en sus núcleos normalmente, se juntan y disfrutan de música aragonesa y gastronomía desde el impresionante enclave de Muro de Roda

Tanto en La Fueva como en Los Monegros aportan el ejemplo de las comunidades energéticas, que podrían generar energía que se quedase en el territorio para ofrecérsela como incentivo a empresas que, potencialmente, se podrían instalar en esos pueblos para ayudar a dinamizarlos. Sería este un sistema mucho más beneficioso para el futuro de estos lugares, y no el actual despliegue de renovables sobre el que penden graves acusaciones de corrupción.

Desierto o valle verde. Aerogeneradores o placas solares. Monegrinos o fovanos. Estas diferencias no tapan la cuestión de fondo, que es hacer suyo el lema de “Renovables sí, pero no así” planteando un modelo sostenible que no condene a estos territorios a la despoblación.

Reportaje que contiene en audio parte de las entrevistas que aquí se exponen. Emitido en Hoy por Hoy Ser Aragón Oriental (Cadena SER (c)) el 15 de mayo.

Campo

La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad.

Manifiesto del Partido Comunista – Karl Marx

A unos 20 minutos en coche de Huesca se encuentra La Almunia del Romeral, un remanso de paz a los pies de la Sierra de Guara, el parque natural más extenso de la provincia. Aunque tiene 45 habitantes censados, los vecinos que hay en el día a día son muchos menos y cuando quieren juntarse deben hacerlo en el local social.

María José Pueyo es quien nos abre su puerta. Ella proviene de Zaragoza, aunque su vinculación familiar le hizo querer buscar una naturaleza que esta pedanía perteneciente al municipio de Loporzano le pudo ofrecer. Su cómoda ubicación y lo que puede encontrar allí a nivel de calidad de vida hace que María José no entienda cómo puede no estar lleno de vida. “La gente dice que no quiere venir a los pueblos porque están desconectados, pero desconectados ¿de qué? Del ruido del tráfico, del humo de la ciudad… pero de lo que no me quiero desconectar no lo hago”, afirma.

La Almunia del Romeral.

Los que hemos vivido el campo y sabemos de qué va conocemos que este modelo instalado en Aragón es muy pernicioso.

Esa armonía que aporta la naturaleza se vio amenazada de un día para otro. A finales de 2015 conocieron la intención de instalar dos proyectos de porcino intensivo, algo que les llevó a movilizarse desde un primer momento. “Los que hemos vivido el campo y sabemos de qué va conocemos que este modelo instalado en Aragón es muy pernicioso. Está destruyendo el Medio Ambiente”, explica.

Recuerda que, en su momento, comportó crispación porque “el Ayuntamiento anterior no fue transparente y los vecinos nos rebelamos”. Algunos de quienes se opusieron vieron como su vecino de toda la vida les había dejado de hablar o incluso les amenazaban, en unas escenas que podría haber construido Rodrigo Sorogoyen.

Esta oposición convergió en la Plataforma Loporzano Sin Ganadería Intensiva, de la que María José es portavoz. Desde 2016 han impulsado la creación de la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial y coorganizado los dos Encuentros Estatales celebrados hasta la fecha. No están desprotegidos ni mucho menos, ya que cuentan con ambientólogos, biólogos y juristas que les ayudan a marcar las líneas de sus acciones.

Su larga batalla jurídica ha llegado hasta el Tribunal Supremo. Pese a no ganar los juicios, las granjas tampoco se han construido, y esa es su gran victoria. Con algo de incertidumbre e ironía, María José reconoce que, de haberse construido, “habrían sido los cerdos con las mejores vistas de España”.

Los datos les dan la razón en sus reivindicaciones. Una investigación llevada a cabo por Datadista reveló que los gases de efecto invernadero emitidos por las macrogranjas estaban aumentando con respecto a años anteriores. Además, la alta concentración de estas explotaciones en Aragón estaba contaminando terrenos y acuíferos, y más de 400.000 hectáreas de la comunidad soportan más nitrógeno de lo que permite la norma.

El 80% de los municipios con menos de 5.000 habitantes que tienen macrogranjas de porcino ha perdido población en la última década

La idea de fijar población tampoco sirve en este caso. Desde Datadista confirman que el 80% de los municipios con menos de 5.000 habitantes que tienen macrogranjas de porcino ha perdido población en la última década. Este aspecto se agrava en aquellos municipios con grandes extensiones de territorio y poca población, justamente el caso de Loporzano.

En el Alto Aragón, de las 17 localidades que cuentan con 9 o más macrogranjas, 12 han perdido población. Estas instalaciones industriales han demostrado no fijar población por su proceso altamente tecnificado, que permite que con un muy pequeño número de trabajadores –suele hablarse de 2- se críen miles de animales durante el año. Además, tienen un impacto directo sobre otras actividades económicas como el turismo debido a los olores que desprenden las balsas de purines que se encuentran al aire libre en la mayoría de estas explotaciones.

La iglesia de La Almunia del Romeral.

La presentación recopila datos aportados por Datadista y Ecologistas en Acción sobre las macrogranjas en el Alto Aragón. Imágenes de archivo Familia Capdevila (c).

Nací en Santa María de La Nuez y aquí pienso morir

“Nací en Santa María de La Nuez y aquí pienso morir”. En un ejemplo completamente distinto de lo que supone la ganadería intensiva se encuentra Abel Giral. Ganadero, cazador y trufero, recibió este 2023 el premio “La huella de Chapu” que le reconoce cerca de 80 años de dedicación al campo.

Este diminuto municipio resiste con una única casa abierta desde hace más de una década, que es, evidentemente, la casa de Abel. A esta zona se la conoce como tierra buxo, llamada así por la abundancia de bojes -una clase de arbusto silvestre-. Es un lugar de difícil acceso que bordea el Parque Natural de la Sierra de Guara por el extremo exactamente opuesto al de Loporzano.

Durante años todos los vecinos del lugar vivían de la agricultura y la ganadería, una economía casi de autoconsumo que sufrió un vuelco en los sesenta. Abel recuerda, con pena y rabia, aquellos años en los que la gente empezó a marchar: “La gente pensaba que más allá ataban los perros con longanizas”. Sin embargo, lo cierto es que no era una vida nada fácil y la falta de servicios básicos fue un factor determinante.

el pueblo que se ha quedado abierto es porque ha estado ligado a una explotación de extensivo ovino

Aunque está jubilado y su día a día tiene algunas diferencias, Abel continúa levantándose a soltar a las uellas igual que lleva haciendo décadas. Su hijo, también llamado Abel, explica que la ganadería extensiva es lo que ha mantenido los pueblos vivos: “en esta zona, el pueblo que se ha quedado abierto es porque ha estado ligado a una explotación de extensivo ovino”. Esto en un momento en el que, desde la Asociación de Ganaderos de Guara, a la que pertenecen, veían “imposible la supervivencia en el territorio con la nueva PAC”.

Para Abel hijo, contando las horas, materias primas y el rendimiento de cada cordero la rentabilidad es “prácticamente nula”. Reclama que el sector debe evolucionar con sistemas que utilicen la tecnología con sistemas como los vallados virtuales. Además de mantener abiertos los pueblos, la ganadería extensiva cuida del campo y reduce el riesgo de incendio en un momento de crisis climática. Por si fuera poco, ahorra recursos energéticos y preserva la diversidad de las zonas.

Es una labor que requiere de una dedicación diaria y en la que el relevo generacional ha sido muy escaso. Pero esto, a Abel padre, que nació en tierra buxo y allí seguirá, no parece importarle lo más mínimo. Cuando se le pregunta por las vacaciones, sonríe y responde diciendo: «¿Para qué?»

Abel Giral junto a su rebaño de uellas.

Entavan

D’aquí entavan, hem de tirar

Lluitar p’el noestro soneo, vivir al nuestro llugar

 Entavan – Au d’astí!

Pocas personas hay que conozcan tan bien la problemática de la despoblación como Luis Antonio Sáez. Licenciado y doctor en Economía, preside también la Cátedra sobre Despoblación y Creatividad en la Universidad de Zaragoza. Oriundo de Gea de Albarracín, Teruel, siempre le ha preocupado el futuro de su lugar de origen, lo que le llevó a entrar en el Instituto de Estudios Turolenses a finales de los 80. Tras numerosas jornadas, propuestas y, principalmente, mucha inquietud, acabó ligato al Centro de Estudios sobre Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales, tarea que compagina con sus clases en la Universidad de Zaragoza.

Para Sáez, en lo que concierne al reto demográfico en el Alto Aragón hay muchas contrapartidas que no se quieren ver. En el caso del turismo, aunque reconoce un lado bueno, destaca el fenómeno de gentrificación de valles como el de Tena. “Existe el problema de que algunos inmigrantes que van a trabajar no pueden pagar el alquiler”, lo que le lleva a plantearse para qué ampliar este modelo con proyectos como Canal Roya si, dice, “ya está más que saturado”.

Según Sáez, el problema que existe con muchos sectores de la economía, es de mentalidad. Dejarse guiar por los números es una constante habitual dentro del modo de producción capitalista, unos números que, en frío, poco tienen que decir. La actividad económica en el mundo rural debería “diversificarse”, buscando un turismo de mayor calidad y, principalmente, “un equilibrio”.

Igual que en el deporte nos gusta anunciar grandes fichajes, aquí va de a ver quién la tiene más larga con todas las infraestructuras y proyectos.

El modelo de desarrollo para el mundo rural debería buscar un progreso a menor escala, pausado y menos espectacularizado. El símil que hace Luis Sáez es del todo ilustrativo: “igual que en el deporte nos gusta anunciar grandes fichajes, aquí va de a ver quién la tiene más larga con todas las infraestructuras y proyectos”, destaca. Reconoce que no se puede prescindir totalmente de la gran escala, pero sí “darle mucho más juego a otro tipo de iniciativas”.

Mejorar los números de población, aunque es un objetivo tentador, podría no ser la única solución necesaria. El catedrático remarca que el modo de vida ha cambiado mucho y que “la naturaleza ha perdido su funcionalidad y ha perdido sus usos tradicionales”. Con esto, un incremento de población basado exclusivamente en los servicios o en el teletrabajo tiene menos sentido del que, a priori, podría pensarse.

Vivimos en un mundo muy individualizado y la manada va en otro sentido. Igual la gente quiere tener un Corte Inglés cerca en vez de un río

Sáez invita a realizar un ejercicio de reflexión colectiva y a facilitar lugares de encuentro con el rural ya que “si no conoces algo no puedes decidir sobre ello”. Pone de ejemplo la iniciativa del Erasmus Rural, impulsada desde su cátedra, que permite a los universitarios realizar prácticas formativas en entornos rurales para que vean que es posible vivir allí. “Vivimos en un mundo muy individualizado y la manada va en otro sentido. Igual la gente quiere tener un Corte Inglés cerca en vez de un río” deduce Sáez.

Al geógrafo Luis Del Romero, profesor en la Universidad de Valencia, lo considera casi un “misionero”. Se debe a su compromiso en la lucha contra la despoblación: además de sacar a debate temas eludidos en el mundo académico, forma parte de la asociación Recartografías, que investiga conflictos territoriales y ambientales. Lo hacen desde Mas Blanco, una antigua casona rehabilitada en la localidad de San Agustín –Teruel-, que también sirve como sede de la Universidad Rural.

El problema es que todo tiene que ser a lo macro.

Para Del Romero no tiene ningún sentido pensar en despoblación o en el mundo rural si no se tiene en cuenta las condiciones ambientales y de sostenibilidad. A pesar de que las siglas del gobierno autonómico fueran progresistas hasta este 2023, estos aspectos no se han atendido adecuadamente: “el balance es nefasto. Además de los conflictos con las renovables en todo Aragón, aún colea el proyecto de Canal Roya”. Considera que el problema de fondo es “intentar atajar los problemas estructurales del medio rural con grandes eventos, construcciones o desembolsos de dinero público”. La opinión acerca de la agroindustria y ganadería intensiva no escapa a esta fórmula: “el problema es que todo tiene que ser a lo macro”, afirma. Lo considera “una burbuja” insostenible a nivel ambiental y social.

Del Romero defiende un modelo desde abajo, basado en la democracia directa a pequeña escala y mucho más pendiente de la sostenibilidad. Buscaría una economía cooperativa en la que primero se cubriesen las necesidades básicas –alimentación y vivienda-. De esta manera, con más tiempo libre y una vida menos atada al trabajo, habla sobre recuperar el concepto de felicidad y ponerlo en el centro ya que “los países con más recursos no son los que tienen niveles de bienestar humano más altos”.

El rural estaba vivo, con sus conflictos y dinámicas, hasta la llegada del sistema capitalista.

Esto comportaría necesariamente alejarse del modo de producción capitalista, que, según las investigaciones de Luis del Romero, ha tenido un desarrollo incompatible con el mundo rural. “El rural estaba vivo, con sus conflictos y dinámicas, hasta la llegada del sistema capitalista. Desarticuló las comunidades rurales que habían existido durante cientos de años”. Por eso, la salida de esta crisis ambiental y demográfica es desarrollar alternativas que, por pequeños que sean, salgan de lo monetarizado. “Puede parecer muy utópico pero podría pasar por preguntarnos de qué vivían las comarcas hace años”, sentencia.

El municipio de Artieda se encuentra en el Alto Aragón, en la parte de la Jacetania que pertenece a la provincia de Zaragoza. Sabiéndolo o no, ha tomado ideas de Sáez y de Del Romero. Con sus de 82 habitantes censados se ha convertido en un referente en la lucha contra la despoblación ya que en los últimos cinco años, ya son quince los jóvenes que han decidido instalarse.

En ello ha tenido mucho que ver el proceso participativo de Empenta Artieda, hecho para fijar población joven mostrando la vida rural como una opción atractiva. Los tres pilares eran bastante básicos: garantizar la oferta de vivienda, el empleo y la conexión a Internet. Desde el Ayuntamiento trabajan para fomentar el desarrollo de proyectos económicos desde Artieda y trabajan para garantizar su viabilidad. Por si esto fuera poco, aprovechan su emplazamiento para fomentar el turismo sostenible y desestacionalizado y tienen un modelo de energías renovables basado en las comunidades energéticas.

Todo ello desde un lugar que conoce como pocos la incertidumbre de vivir amenazado por un pantano. En su caso, el que les ha dejado noches sin dormir es el de Yesa. De momento, desde Aturando Yesa, siguen vigilantes contra algunas voces que piden un recrecimiento o el tan temido Trasvase del Ebro.  Con todo esto, parece normal que, al preguntar a los estudiosos si hacen falta “más Artiedas”, la respuesta sea un rotundo “Sí”.

Mural en Artieda que reza "Esfender a tierra no ye delito, ye un dreito". Izarbe Usieto (c).

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